lunes, 16 de diciembre de 2013

Revelaciones. Descenso a Gradzvayr II


Actual-play de la segunda sesión de la campaña del Reino de la Sombra: Descenso a Gradzvayr


Descendimos la loma lo más rápido que pudimos, forzamos la marcha de los mamuts para adelantar al ejercito orko hasta llegar a Teshaner, tardamos una semana. El camino estaba tranquilo, solo nuestras conciencias sentían el peso de la guerra.

Ante nosotros se abría una ciudad que antaño resplandeciera, y el tiempo había tratado mal. Un grueso muro de piedra gris, cubierto de musgo y verdín, almenas cubiertas de nieve y las mas altas torres de Teshaner, con sus cúpulas acebolladas cuyos dorados reflejos deslumbraran a los historiadores elfos, yacían mortecinas de negro y verde oxido. Pasamos bajo  la puerta Norte, Ilda se quedó con las monturas en los establos de la ciudad, el resto nos dispusimos a buscar la casa de Yishad.

Después de  preguntar en el barracón de la milicia se estaba en busca y captura, nos dirigimos a la torre del Hechicero, uno de los edificios mas antiguos de la ciudad, donde un anciano (que después descubrimos que era el copista), nos presentó a Fadahr, el Mago.
Renoir, al echar un vistazo durante nuestra entrevista se dio cuenta de que su nivel de magia no era muy alto, y quizás solo aparentaba el ser un gran mago. Al parecer odiaba a Yishad y le acusaba de ladrón. De hecho fue pronunciar su nombre y casi nos echa de la torre. A la salida el copista nos aclaró un poco su enfado, y nos dijo hacia donde dirigir nuestras pesquisas. Así que nos dirigimos a una de las mejores carnicerías del barrio mercantil de Teshaner.

Nuestro joven ladrón Domakin, no tardó en establecer una conversación con el carnicero, cuyo hijo se encontraba comerciando en los poblados de el norte para comprar carne de caza (descanse en paz).
Y después de comprar carne de la mejor calidad, nos enteramos de que Yishad era su vecino, sus padres murieron hacia cuarenta años, y el negocio familiar cayó en la ruina.

Una casa en plena calle mercantil, con una fachada muy poco cuidada daba cobijo a la tienda/hogar de Yishad. Introdujeron la llave en la cerradura, y al pasar escucharon el crujir de la madera de los pasos en el piso superior. Volvieron a salir a la calle y llamaron a la puerta. Alli vivía Gustas, algo parecido a un mayordomo o cuidador del hogar, tras un interrogatorio con ciertas sospechas, descubrieron poco a cerca de Yishad, William hizo todo lo que pudo pero nuestro grupo infringía algo de temor al anciano, Gustas tampoco estaba por la labor de descubrir la verdadera identidad del mago, y tras un pequeño incidente con la elfa, su cabeza acabó rodando por el suelo.

En principio todo parecía indicar que la familia se había dedicado al negocio de venta de antiguedades y alfombras, se mudó a Teshaner y al excavar el sótano se habían topado  con algo...
Bajamos al sótano y allí todo estaba en orden, bajo una capa de polvo yacía aquello que con los años nadie había conseguido vender. mientras enrollaban el cadaver en una alfombra y limpiaban la sangre, el mago Renoir lanzó un conjuro para detectar restos de magia en el sótano, cual no fue su sorpresa al hallarse ante una ilusión en el muro. Una puerta les esperaba.

Fueron a por Ilda, la giganta, y descendieron los interminables peldaños de una escalera de caracol que de una particular construcción (que les recordaba a su paso por Karahakum) descendian hacia una sala medio en ruinas. En ella se ubicaba el estudio del mago, un pasillo tapiado, y en una pared una puerta de piedra abierta con extraños grabados daba a una reflexión negra, como una especie de espejo. De una aldaba estaba atada una cuerda que penetraba en ese extraño espejo. 

Ilda tiró el muro tapiado y encontró un negro pasillo que se hundía en la oscuridad. Tiró también una lanza al negro espejo, y esta pasó al otro lado perdiendose en la negrura.

Sobre la mesa estaba el libro de Magia perteneciente a Ferah, el maestro de Renoir, y en la estantería diarios y notas de la familia y del propio Yishad.

Descubrieron que por una parte, al excavar el sótano hallaron esta habitación y en ella se encontraba el libro de conjuración que buscaba Renoir (por lo que no pertenecía a su maestro), mandaron al joven Yishad a vender y comprar cosas a Portblau, donde se topó con un mago llamado Ferah (maestro de Renoir), el cual a cambio de dejarle estudiar el libro le instruiría en la magia. Sin embargo con el tiempo se dio cuenta de que era mayor su interés en el libro que en aprendizaje del joven comerciante. Acabó dejando sus estudios de magia y volviendo con sus padres. Tal era su interés por la magia que intento acceder a estudios en Teshaner, pero algo parecido ocurrió, tampoco aprendía gran cosa, y decidio lleverse conjuros a casa para estudiar por su cuenta, lo que le acarreó su enemistad con Fadahr. Sus padres murieron y Yishad cayó en la ruina.  Domakin cerro las notas y los ojos de Renoir centellearon.

Renoir necesitaba abrir el libro de conjuración pero desconfiaba de sus nuevos amigos, hubo un forcejeo, y le permitieron revisar el libro.


Descubrió que estaba escrito por el puño y letra de un tal Abanatah, y era un pseudo diario de un joven mago elfo y su viaje por Valsorth. Descubriendo hechizos y formas de poder. Su intención para viajar a diferentes planos en busca de conocimiento. Halla humanos por donde quiera que vá, son un mal reflejo de los Elfos, sucios y poco inteligentes. Habla de el viajero, en un templo perdido en las selvas de Uskan, -tras dos saltos de agua, a un lago da un templo, una tribu que rinde culto al viajero-, cerca del la enorme selva de Terasdur (ahora son colinas nevadas). Continua sus escritos con visitas a un plano onírico, que comunica con otros planos. Estas visitas permitieron conocer diversas formas de vida, y le permitió poder conjurarlas a Valsorth. Al final del libro, se empieza a centrar en estudios de Nigromancia, interrumpiendo el texto como si continuase en otros volúmenes.
Ëlara la elfa sabía quién era Abanatah, y no sin cierta vergüenza admitió que fue el Rey Dios en su juventud.



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